Al
constituirse nuestra Asociación , Delfina, una mujer ya
octogenaria, se prestó de forma entusiasta y valiente a
colaborar
con las tareas de la misma y pasó a formar parte de la
Junta Directiva .
Conocí a Delfina hace más
de 30 años y
siempre me sorprendió su capacidad de trabajo, su
constancia y perseverancia, su educación, su inteligencia
natural y su desenvoltura para saber estar en diferentes situaciones.
Oírle relatar su vida en la
Torre Uchea, el traslado de su
familia, en los años (19)20 desde las tierras de Yeste, por la
expropación sufrida para la construcción de la presa del
pantano de la Fuensanta, y como salieron adelante trabajando,
desde niña, en jornadas interminables y en diferentes tareas
(aguadora, albañil, segadora, cocinera, recolectora, cuidadora
de
familiares..) era un ejemplo emocionante de una mujer fuerte y
curtida, de una generación irrepetible y de un clima de respeto,
trabajo y de organización familiar, que
aún persiste en la Torre Uchea y que explica que sea el
único núcleo rural habitado,
en varios kilómetros
en la redonda.
Supo sacarle partido a la casual
presencia en
Torre Uchea, tras la guerra civil, de un maestro,
probablemente represaliado, que a cambio de
comida y cobijo, enseñó a leer y a escribir a los
niños y adolescentes de la aldea. Niños que, tras la
ardua jornada de trabajo, asumían con gusto, el placer de
aprender las letras y los números, la geografía
básica y la Historia de España. Y con ese mínimo
bagaje, fue capaz de moverse por la vida con fluidez y
resolución. No había empresa que se le antojara
difícil, ni persona con la que no se atreviese a dialogar y a
solicitarle lo que entendía que era justo.
En los últimos años se
dedicaba con primor al cuidado
de sus plantas, de su jardín y a tener a punto su casa,
siempre acogedora, cuando los fines de semana le visitaban hijas
y nietos.
Recibía con buen humor los
intentos de ridiculizarla en
diferentes declaraciones públicas realizadas por nuestro excelso
regidor municipal ("No ofende el que quiere; sino el que puede",
decía...) y a sus 85 años, todas las mañanas
leía de forma minuciosa el Diario de Hellín,
extrayendo y recortando las noticias que hacían referencia a la
Torre Uchea, seleccionándolas para el archivo de la
Asociación.
Ha muerto como ha vivido, de pié,
dignamente. La muerte le
sorprendió, guapa y elegante, haciendo, generando... con mil
planes y proyectos en la cabeza y repartiendo, como siempre,
cariño a sus seres queridos.
El pasado 15 de Junio,cuando se nos fue
sin avisar, además del
cuerpo de Delfina enterramos entereza, dignidad, inteligencia,
perspicacia, constancia, perseverancia, respeto a las personas y a las
formas y una manera de enfocar la existencia, decidida y sufrida, pero
también apasionada y gozosa. Muchos de estos valores quedan en
el ambiente, forman parte ya de un legado colectivo de los habitantes
de la Torre Uchea y son el verdadero motor de esta
Asociación que nos hará seguir hoy, y mañana
también, en nuestra clara y firme posición en defensa de
unos derechos ciudadanos, de una memoria colectiva y de un territorio.
Gracias por todo, Delfina.
Juan Antonio
Sánchez Sánchez
Secretario ADTU.
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