ASOCIACION EN DEFENSA DE LA TORRE  UCHEA (ADTU) 





05 de Septiembre del 2005




SOCOTHERM  EN TORRE UCHEA: HISTORIA DE UN MUNDO “AL REVÉS”

            Escribo este artículo por prescripción médica. Como bien dice Juan, Secretario de nuestra asociación (Asociación para la Defensa de Torre Uchea-ADTU), en el asunto Socotherm no entraremos en cuestiones personales, salvo casos de fuerza mayor y para evitar úlceras. Pues ese es mi caso. Después de todo lo que estoy escuchando y viviendo, necesito hablar ó seré carne de úlcera.

            Por motivos laborales resido fuera de Hellín, aunque no en Marbella, como así se está transmitiendo por el Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Hellín (y sus afines). Desconozco si lo dicen por falta de información fiable ó por intentar encajarlo en su política de desprestigio por considerar a los de Torre Uchea como señoritos y gente de lujo. Por cierto, ningún componente de la asociación vive en Valencia, donde también han ubicado a otro presunto miembro.

            Para información de mucha gente que todavía no conozca qué es Torre Uchea (yo la llamaré La Torre), les diré que es un pequeño núcleo de población que se formó en ese paraje por una familia de agricultores procedentes de varias aldeas de Yeste, de donde tuvieron que marchar cuando sus tierras quedaron inundadas por la construcción del Embalse de la Fuensanta. Esto ocurrió hace más de 70 años. Desde entonces, varias generaciones hemos crecido y vivido en  La Torre. El medio de vida de la generación de mis padres ha sido la agricultura y la ganadería, a pequeña escala. Aquí no tenemos grandes fincas sino pequeños bancales muy repartidos, en los que ha sido tradicional el cultivo del albaricoquero (hoy en día los árboles han envejecido de la mano de sus cultivadores).

 
            Gracias al enorme esfuerzo de esta generación anterior, mi generación ha podido labrarse un futuro gracias al estudio. Somos la generación del Transporte Escolar (“los del campo”): Nos recogía el autobús de La Juanela  a las 7,30 de la mañana, nos dejaba en el colegio Martínez Parras y nos devolvía a La Torre a las 7,30 de la tarde, después de recorrer demasiados kilómetros de lamentables caminos. En total, 12 horas fuera de la casa y machacados del autobús. Por cierto, en este colegio conocimos a Diego García Caro, que también procedía de otra pedanía.
 

            Esto duró los ocho años de EGB. Luego, vino el Instituto. La inmensa mayoría de nuestros compañeros de Transporte decidieron dejar los estudios, porque, ó bien sus padres los retiraban porque los necesitaban en el campo ó bien ellos no querían seguir. Nuestros padres lo tenían muy claro: lo primero era la formación y debíamos seguir estudiando. Mientras otros padres contaban con la ayuda inestimable de sus hijos para trabajar en el campo, los nuestros se las tenían que valer por sí solos; no sólo renunciaban a mano de obra gratis, sino que tenían que asumir todos los gastos que el estudio generaba. Comenzó la etapa de Instituto y puesto que el Transporte Escolar ya no estaba autorizado a llevarnos, ni existía Autobús municipal,  tuvieron que llevarnos nuestros padres en su furgoneta. Por las mañanas, echábamos la bicicleta en el maletero y a la salida del Instituto, nos volvíamos pedaleando hasta la Torre.   

           Acabó el Instituto y nuestros padres decidieron que debíamos seguir estudiando y hacer una carrera. Eran momentos difíciles, la agricultura sólo daba para lo básico; ya estábamos capacitados para trabajar por nuestra cuenta pero decidieron renunciar a casi todo y apoyarnos en los estudios.  

Así salimos de Hellín, cada uno para un sitio. Pasaron los años y fueron llegando las carreras. A los mayores les quedó la tremenda satisfacción del deber cumplido y que sus hijos tuviesen lo que a ellos se les había negado. A los hijos, la satisfacción del deber cumplido y el dolor de ver el precio pagado: el cuerpo de tus padres machacado por el esfuerzo; el campo no perdona, los excesos se pagan.    

Nos hemos casado; nuestras parejas, de muy diversas procedencias y condiciones, no sólo no nos han alejado de nuestros orígenes sino que han sido los principales impulsores de que La Torre sea el núcleo de unión. 

Y así, llegamos a los momentos actuales. Nuestros padres siguen viviendo en La Torre; mantienen cultivadas sus tierras, las mejoran en la medida de sus posibilidades, atienden sus casas dignamente: viejas pero aseadas, limpias, abiertas y acogedoras. En los otros caseríos situados en varios kilómetros a la redonda, no queda nadie. La gente del campo ha huido y sólo quedan ruinas. En la Torre, ocurre lo contrario: hay vida. Estamos deseando tener un minuto para acudir aquí, porque de aquí somos, digan lo que digan ciertos políticos (y algunos aspirantes a ello); ayudamos, en la medida que podemos, en la gestión de las tierras; nuestros hijos llegan a La Torre como si fuese su casa;  aquí tienen a su gente; da gusto ver convivir de forma tan sana a tres generaciones diferentes. Lo que para el Sr. Concejal de Urbanismo son actitudes  personales que rayan el romanticismo, la melancolía y la nostalgia por infancias ya lejanamente perdidas (manifestaciones en un pasado Pleno), para nosotros son actitudes que tienen que ver con palabras como raíces,  respeto a los mayores, a su esfuerzo y forma de vida.

En los últimos meses, me han llegado noticias de la implantación de Socotherm en Torre Uchea y los métodos que se están empleando. Cuando escucho y leo las noticias en los medios de prensa, no doy crédito. Acabo de descubrir que, según Diego García Caro, la Torre Uchea ya no es la Torre Uchea. Los bancales que nuestra familia ha labrado toda la vida, junto a sus casas, ya no son la Torre Uchea sino Arroyo de Minateda. Acabo de descubrir que el cerro al que hemos ido toda la vida a coger caracoles (Cerrón de la Cueva Vaca), ya no está donde siempre sino que ahora, milagrosamente, se ha trasladado y se ha interpuesto entre la futura fábrica y las casas (según manifiesta un concejal del equipo de gobierno). Acabo de enterarme de que la fosa séptica que se construyeron algunos vecinos de la Torre, ahora  se ha transformado en una red de alcantarillado que absorberá los vertidos de Socotherm; acabo de enterarme de que la presión del agua potable sí es importante para Socotherm, pero no lo es para que se duchen dignamente los vecinos de la Torre, a quienes no se les enciende el calentador porque el agua casi no llega; acabo de enterarme que se van a iluminar con farolas varios kilómetros de carretera desde la Autovía hasta la fábrica, mientras que las cuatro farolas que pedimos para unir los distintos grupos de casas nunca han llegado.

  También acabo de descubrir que, según Diego García Caro, el Salón de Plenos del Ayuntamiento es el Templo de la Democracia, lo que le ha servido a él y alguno de sus concejales para humillar, vejar y despreciar a unos pocos vecinos que, por primera vez en su vida, acudieron como público al Pleno del día 25 de julio pasado para intentar informarse e informar a los señores concejales de los inconvenientes que presenta la instalación de Socotherm en los terrenos elegidos. También acabo de descubrir que, quienes han vivido toda la vida en la Torre, con las manos encallecidas y las espaldas dobladas por el trabajo en un medio nada fácil, en realidad viven en un mundo de lujo que quieren perpetuar. Acabo de descubrir que el progreso significa arrasar con el medio de vida rural; que por un lado se crean programas europeos que se aplican a la economía social de las zonas rurales que corren el peligro del éxodo del campo a la ciudad (Programas tipo Proder y Leader), se conceden ayudas para el desarrollo y conservación del patrimonio rural, fomentar la agricultura sostenible y el turismo rural; pero cuando éste medio rural existe de forma natural, hay quien quiere cargárselo porque predominan los intereses de la industria multinacional. Acabo de descubrir que cuando Castilla La Mancha ha creado unas normas modélicas para la protección del Medio Ambiente, la protección del Suelo Rústico, la Protección de sus Veredas, la protección de las Especies en Peligro de extinción y la Protección de su Patrimonio Arqueológico, esas normas no se aplican a ciertas empresas porque vienen protegidas desde “arriba” y que si pides que se respeten estas normas, eres un traidor a tu pueblo.

Y finalmente, acabo de enterarme de que por defender la legalidad y el derecho a ser informados, seremos los culpables del paro de Hellín y vamos contra la clase obrera y trabajadora, mientras que quienes trepan por las redes de la Administración, viven de ella, aprovechan su cargo y su información para beneficio propio, son nombrados cargos importantes dentro de las multinacionales que vienen a la vez que se aferran a sus puestos en la Administración, venden a las multinacionales terrenos de su familia (que no sirven para instalar la industria porque no cumplen normativas) a cambio de convenios con recalificaciones urbanísticas vergonzantes que llenarán a más de uno los bolsillos de millones... son los que luchan por el interés general de su pueblo.

¿Es ó no es la historia de un mundo al revés?

Argimiro Martínez Moreno

      www.torreuchea.org